Ozzy Osbourne: del mito al temblor, una despedida histórica

Con la voz temblorosa, un trono gótico como altar y miles de fieles metaleros como testigos, Ozzy Osbourne se despidió para siempre de los escenarios en su natal Birmingham. Fue el epílogo de una leyenda, el cierre de una era dorada para el heavy metal. El estadio Villa Park, hogar habitual del Aston Villa, se transformó por una noche en un santuario oscuro. En lugar de bufandas y cánticos futboleros, los asistentes vestían camisetas negras, botas de combate, barbas espesas y tatuajes que narraban historias de décadas bajo el estandarte del metal. Muchos viajaron desde los rincones más lejanos del mundo para asistir a un rito irrepetible: la despedida definitiva de Ozzy Osbourne y Black Sabbath. El “Príncipe de las Tinieblas” se despidió con “Paranoid”, el himno inmortal que selló su legado.

A sus 76 años, ya no ruge como en los años setenta, pero su sola presencia impone. Afectado por el Parkinson, apareció en escena sentado en un trono de espinas y calaveras, símbolo de su leyenda. Bajo luces rojas que teñían el estadio como una catedral pagana, su voz —quebrada pero poderosa— evocó la energía primitiva con la que Sabbath anunció el apocalipsis musical décadas atrás.

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